El teatro penitenciario toma las tablas una vez más



El teatro contaba con la presencia de varios cuerpos de seguridad entre los que destacaban efectivos de la Guardia Nacional, miembros de la Policía Nacional y algunos representantes oficiales que custodiaban la seguridad del público

Después de sortear los bloqueos a los principales accesos viales de la ciudad capital –y las propias dificultades de arterias comunicacionales a medio hacer- se puede llegar al Teatro San Martín, donde ciudadanos privados de libertad presentaron Tólstoi, una de las propuestas de dramaturgia que forman parte del Festival de Teatro de Caracas.

El director del área de Atención Integral del Ministerio para Asuntos Penitenciarios, Leonardo Romero, destaca que en la selección de las obras se le da prioridad a dramaturgos venezolanos y latinoamericanos para resaltar la identidad regional, por lo que el grupo de intérpretes escogió escogió la pieza teatral del poeta uruguayo Ricardo Prieto que recrea los últimos momentos de la vida del escritor ruso León Tólstoi.

El teatro contaba con la presencia de varios cuerpos de seguridad entre los que destacaban efectivos de la Guardia Nacional, miembros de la Policía Nacional y algunos representantes oficiales que custodiaban la seguridad del público –en su mayoría familiares- y mantenían la vigilancia de los privados de libertad en escena. En este ambiente tuvo lugar el encuentro cultural que sirvió de punto de convergencia entre miembros afines a las diferentes tendencias políticas que predominan en el país.

La sencillez fue la principal característica de la puesta en escena. En el escenario solo había dos sillas y una mesa central que servía de base para un jarrón con agua. Cuatro actores con diálogos memorizados cargaban el espectáculo sobre sus hombros. Sin embargo, mucho dista de aquellos años 80, cuando la actriz hispano-venezolana Agustina Martín creó el Teatro Penitenciario.

Y es que, aunque los artistas hayan mostrado su interés por la pieza al recitar –con esfuerzo y al caletre- cada uno de sus parlamentos, los continuos errores, los acentos fingidos y que pretendían imitar la lengua eslava, sumado al poco orden que cada uno de los intérpretes tuvo en sus entradas, denotan que si bien hay un gusto por la dramaturgia, es necesario que los futuros actores reciban una educación más profunda en lo que a las artes escénicas se refiere.    

Fuente: El Universal

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